jueves, 15 de julio de 2010

Entreacto circence


¿Quereis entretenimiento? Pasaos entonces a la carpa Mil encantos, mil ficciones... A la derecha vislumbrareis estrellas coloridas, una que otra algo funebre y es que aún no se han adaptado a la modernidad, yo ya les dije qe todo es imagen que eso vende, ya he llevado con ellas algo de marqueteo astral: Brillar Brillar.... A la izquierda ohhh mariposas de chocolate derritiéndose mientras vuelan y van dejando a su paso sabores deliciossos... En el ángulo norte, hermosas maniquies sin cabeza que hacen volteretas en el aire y son de energía visual, mientras más las mireis más rápido girarán... En el ángulo sur, un diminuto agujero negro que está impaciente de crecer, solo necesita que os acerqueis lo suficiente. Y en el centro, quien dirije toda esta farsa Moi, con una nueva treta (bien sabeis que no me gusta repetir). Una gran vitrina entre mi persona y el mundo con un gran letrero que dice: "No tocar". Así ellos de un lado y yo del otro, ¿quién puede salir herido? Al menos, no yo. Ya veis, todo cien por ciento seguridad y a la vez caos, ¿no es acaso el paraiso? Pasaos entonces a tanta confusión, no quedeis quieto, porque aquí todo se mueve y quien se queda quieto se lo come el ratón carnívoro que he amaestrado. Moveos , sonreios, y sobre todo no lo olvides ficcion, mucha ficcion. Si no llevais alegre el alma eso no impide alegrar la de otros y en tanta mascarada quien sabe todos podriamos en algún momento estar sonriendo de verdad.

viernes, 9 de julio de 2010

Usos y desusos


(En colaboración con Agnes)


He encontrado un trozo de hilo. ¿Qué hacer? ¿Lo utilizo para coser o me ahorco con él? Opto por lo segundo.
Fue una buena elección. El hilo ha resistido con firmeza. He sido yo quien, frágil, se ha partido en dossssssssss.



- C. E. Saldivar -

Lima, noviembre de 2009

martes, 29 de junio de 2010

La triste historia de un viandante

Su cuerpo que ahora es solo una masa informe similar a una alfombra llamó mi atención. Inicialmente imaginé un tapete cruzando la calle, y este artículo se pudo haber llamado: "La alfombra que no llegó a la otra acera". Algo en él me permitió distinguir que se trataba de otra cosa. Aunque la mayor parte de su carne, huesos y piel han terminado adosándose a la pista, unos pequeños montículos sobresalen de su plana dimensión. Son las cuatro pezuñas de ese viandante que dejan así su última huella-rastro.

Intento imaginar cómo murió atropellado, cómo un vehículo no reparó en detenerse cuando sintió el impacto y, sin alterar su ruta, pasó sobre su cuerpo. Después, el pobre animal pudo estar aún con vida, pero inmediatamente debió de venir un bus que repasó sobre él. Ya muerto debió ser cuestión de unas cuantas horas en una autopista de tránsito pesado, y el poco interés de los conductores por un ligero bache en su camino, lo que debió comprender la metamorfosis de su canina forma.

Después de haber imaginado esto, intento olvidarlo pues cierta angustia se encrispa en mi estómago. Los tiesos restos de lo que en vida constituían un perro parecen decirme: yo fui viandante y temo por tu vida.