No es que no tenga nada que decir, es que no quiero decir nada de lo que tengo. Estoy asustada. Aterrada sería la palabra precisa. No he determinado exactamente qué es lo que provoca este miedo, pero reconozco que tiene algo que ver con el extravío. Me he perdido. Y escribirlo resulta dos veces terrible. Realicé un viaje para encontrarme y fue algo excepcional. Conocí lugares maravillosos y mis ojos se llenaron de imágenes surreales. Incluso afirmo abiertamente que deseo regresar allá. Mas aunque fue genial, no me encontré. Sigo perdida y es aún peor. El peligro no descansa. Porque pronto terminará esta ilusión de tiempo en blanco y acudirán mis ocupaciones habituales y me sentiré angustiada porque el tiempo correrá entre actividades rutinarias que me esquilman la alegría. Los paréntesis me dan alivio. Esos pequeños espacios en que corto realidades y creo minificciones que luego olvido. No me desvive un recuerdo ni un futuro, sino los instantáneos presentes. Puede ser un viaje, un libro, una pintura, un vino, una plaza, una nube, una persona. La felicidad debe ser eso. El instante. Luego corro en sentido contrario porque el instante es un ser breve. En la huida, me he perdido en una plaza. Frente a una catedral. Mis pensamientos se agolpan y suenan como cofres de pecanas. Es mi poca coherencia. En el estante donde ordeno los libros que ordenan el sistemático girar de mi universo ya no cabe nada. Pero sigo comprando libros. Es una manía extraña. Nunca leeré muchos de los libros que he comprado. Me has descubierto. Pero es una bonita ilusión creer que sí lo haré y que luego podré contarte una historia ajena para que me escuches atento mientras urdo el tejido tosco de mis palabras. Contarte una historia es lo mejor que tengo. Por eso amo tanto mi estante. Porque es un mar y cada libro un pez lenguado sabroso. Mi vanidad me lleva a creer que nadie podría contarte mejor que yo la historia que elijo para ti. Que reinvento. Es en ese espacio en el que no soy extranjera, ni señora, solo cómica y puedo reír despreocupada. Cierro un libro y estoy nuevamente perdida y temo que tú no creas ya mis historias y me lamento tanto. Estoy asustada. Aterrada sería la palabra precisa. No he determinado exactamente qué es lo que provoca este miedo, pero reconozco que tiene algo que ver con el extravío. Me he perdido. Y escribirlo resulta dos veces terrible.
jueves, 11 de agosto de 2011
sábado, 14 de mayo de 2011
10 de octubre de 2006
Lo que apunté fue esto:
Será anhelo de grandeza lo que me lleva a soñar con gigantes? Será mi caprichoso y sobredimensionado ego encarnado?
La primera vez que soñe con un gigante, siendo específicos, con parte de él, fue hace un año.
Era una mañana. Me encontraba mirando el jardín interior de mi casa, jardín que no es más que una breve extensión de tierra habitada por dos tétricas sábilas. Junto a una de ellas se encontraba un avechucho, del tamaño de un gallinazo. Visto de perfil, parecía no tener pico sino una pequeño montículo semejante a una nariz. Lo que debía de ser su rostro y sobresalir, como en general pasa con todas las aves, era plano.
Era un ave extraña y no pude dejar de mirarla. De pronto, tornó su rostro 90º y se encontró mirándome fijamente. Era similar al de un ser humano, aunque los detalles estaban atenuados, como un tallado superficial. Sus ojos eran pequeños y rasgados, con un brillo desconcertante. Inesperadamente, empezó a graznar. Un ruido seco y retumbante que se quebraba cada tanto con agudos altos. Mi corazón se acongojaba y quería volarse. Yo no sabía si moverme, temía que el ave se lanzace encima mío.
En mi nerviosismo, alcé los ojos sobre el muro que separa mi casa de la del vecino, para dejar de ver a ese animal. En el vacío, a unos centimetros del término del muro, observé el momento exacto en el que una especie de puerta se "abrió" entre el aire. La manifestación de otra dimensión colándose en la mía. Un brazo enorme se deslizó por esa puerta y tanteo en el jardín hasta encontrar al ave que me tenía espantada. Cuando tuvo entre sus dedos al animal este graznó con más fuerza. Finalmente, el brazo gigante se llevó al ave y cerró la puerta.

Ese fue mi primer sueño de gigantes... Y sigo buscando una explicación.
Será anhelo de grandeza lo que me lleva a soñar con gigantes? Será mi caprichoso y sobredimensionado ego encarnado?
La primera vez que soñe con un gigante, siendo específicos, con parte de él, fue hace un año.
Era una mañana. Me encontraba mirando el jardín interior de mi casa, jardín que no es más que una breve extensión de tierra habitada por dos tétricas sábilas. Junto a una de ellas se encontraba un avechucho, del tamaño de un gallinazo. Visto de perfil, parecía no tener pico sino una pequeño montículo semejante a una nariz. Lo que debía de ser su rostro y sobresalir, como en general pasa con todas las aves, era plano.
Era un ave extraña y no pude dejar de mirarla. De pronto, tornó su rostro 90º y se encontró mirándome fijamente. Era similar al de un ser humano, aunque los detalles estaban atenuados, como un tallado superficial. Sus ojos eran pequeños y rasgados, con un brillo desconcertante. Inesperadamente, empezó a graznar. Un ruido seco y retumbante que se quebraba cada tanto con agudos altos. Mi corazón se acongojaba y quería volarse. Yo no sabía si moverme, temía que el ave se lanzace encima mío.
En mi nerviosismo, alcé los ojos sobre el muro que separa mi casa de la del vecino, para dejar de ver a ese animal. En el vacío, a unos centimetros del término del muro, observé el momento exacto en el que una especie de puerta se "abrió" entre el aire. La manifestación de otra dimensión colándose en la mía. Un brazo enorme se deslizó por esa puerta y tanteo en el jardín hasta encontrar al ave que me tenía espantada. Cuando tuvo entre sus dedos al animal este graznó con más fuerza. Finalmente, el brazo gigante se llevó al ave y cerró la puerta.

Ese fue mi primer sueño de gigantes... Y sigo buscando una explicación.
sueños que anteceden
Como te decía en un post previo, pasaré a contarte algunos de mis sueños. Inicio por los sueños de gigantes... no podría contarte nada sin antes decirte sobre esos sueños que en algún momento empezaron a hacerse recurrentes en mi itinerario onírico.
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